El samán tiene una amplia gama de usos.


El samán es un árbol nativo de América tropical y se encuentra desde México, incluyendo todos los países de América central, algunas islas del caribe como Cuba y Bahamas y en América del sur desde Colombia y Venezuela hasta Brasil y Bolivia.

En nuestro país se haya en los departamentos de Valle del cauca, Santanderes y en las regiones de la costa atlántica, los llanos orientales y los valles de los ríos Cauca y Magdalena.

Crece en temperaturas que oscilen entre 20 y 28 grados centígrados, con niveles de lluvia anuales entre 1000 y 2500 mm y en lugares con altitudes sobre el nivel del mar inferiores a los 500 metros. Se desarrolla de mejor forma en bosques secos tropicales.

El samán es un árbol de gran tamaño, ya que puede alcanzar entre 40 y 50 metros de altura, mientras que su tronco mide entre 1,5 y 3 metros de diámetro. Su corteza externa es rugosa y de color pardo grisácea, mientras que la interna es rosada y tiene una resina amarga.

Sus hojas son bipinnadas y vienen agrupadas entre 6 y 9, y miden entre 6 y 25 centímetros, por la noche tienden a cerrarse. Sus flores son entre blancas y rosadas, sus frutos son vainas verdes que contienen de 5 a 10 semillas.

La madera del samán es muy durable

La albura es amarilla y se va transformando a marrón oscuro hasta llegar al duramen. Su grano es recto a entrecruzado y muy bello, su brillo es mediano y veteado en arcos superpuestos.

La madera del samán es muy durable, ya que cuenta con una durabilidad natural muy alta que la protege contra los agentes biológicos, tales como insectos y hongos, además es muy resiste frente a las inclemencias del clima. Es considerada igual de durable que la teca.

Una característica muy positiva es su secado, ya que este puede ser realizado al aire libre y no presente graves problemas.